En cierta ocasión reconocí a una bella dama que, sin compañía, caminaba por extraños lares; esta no era situación digna para dama de tan alta alcurnia, que sin comerlo ni beberlo hizo que esta situación la llevase a protagonizar las más importantes y sangrientas batallas, en las que lloró a hombres de ambos bandos, ni color, ni patria, ni amo le importaban a la hora de entablar batalla.
Estas aventuras que talvez aquí os cite, la llevaran a los más diversos campos de batalla, algunos mullidos y agradables cual lana de oveja y otros duros y recios como la madera, algunas batallas serán rítmicas y melodiosas, y otras apasionadas y descontroladas, pero en todas, y sin excepción, la sin igual Dama de los Páramos se levantaba victoriosa, postraba a los más fieros caballeros.
Alzaba la espada sin igual, pero tras la enfurecida batalla, sudorosa, agotada y sin fuerzas, soltaba la espada maltrecha y desafilada.
No ha creado Dios ser que la belleza de mi Dama de los Páramos no embriagara, no enloqueciera, no…
Pithilubs
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