sábado, 12 de septiembre de 2009

Trompetas de guerra resuenan al amanecer

El sol moría tras las colinas, la luna victoriosa se alzaba en el cielo; el suelo inundado de sangre, sangre de los combatientes que habían luchado y muerto en la batalla.
Una batalla entre dos bandos que compartían una única alma.
Estaba batalla era la más vista durante los siglos de existencia de la raza humana, pero era a la vez la más silenciosa y la mas violenta; se producía entre el corazón y la mente de un hombre, la voz sabia y envejecida de tu celebro te decía sosegada y tranquilizadoramente que lo olvidases todo, que el tiempo cura todas las heridas, pero después una alegre jovial y chillona voz te gritaba con toda la fuerza de tus pulmones, que nunca olvidaras ese amor que te invadía cada vez que la olías, la veías o la rozabas... que el tiempo te hace envejecer pero no podía hacer magia, que no curaría heridas abierta en carne pues no tendría, jamás, suficiente hilo para coserlas.

Por eso tantas noches silenciosas se escucha de manera casi inexistente por la distancia el sonido que apaga la mente en una pequeña explosión de ¡amor!